Addis Ababa I
Addis Ababa · Técnica mixta
Fabio Crisanti es artista plástico y fotógrafo nacido en la Patagonia argentina, en 1968. Su trayectoria creativa comienza en 1988, revelando desde temprano una habilidad singular para transitar entre lenguajes: de la fotografía a la escultura, de las cometas a las instalaciones de gran formato.
Radicado en Brasil, actualmente en Bahía, después de un largo recorrido por Argentina, Uruguay (donde inauguró la Photogalerie Fabio Crisanti, en Colonia del Sacramento), Francia y Santa Catarina, el artista lleva en su obra la marca de ese tránsito: territorios, exilios y escalas que se traducen en superficie, textura y color.
Su trabajo reúne técnicas mixtas: papel kraft, seda, tinta china, papeles metalizados, bambú, lino, cartón, fotografía y acrílicos, en composiciones que evocan tanto la levedad aérea de las cometas como la densidad táctil de objetos arqueológicos. La memoria, el paisaje y los procesos orgánicos de la materia son hilos conductores de toda su producción.
Además de las artes plásticas, Crisanti trabajó como director de fotografía en cine y televisión, ilustrador editorial y curador. Una obra plural, que rechaza las fronteras.
Una selección de piezas originales en técnica mixta.
Addis Ababa · Técnica mixta
Addis Ababa · Técnica mixta
Addis Ababa · Técnica mixta
Luz Líquida · Fotografía
Luz Líquida · Fotografía
Pez · Técnica mixta
Pez · Técnica mixta
Pez · Técnica mixta
Pez · Técnica mixta
Pequeñas cometas · Técnica mixta
Pequeñas cometas · Técnica mixta
Pequeñas cometas · Técnica mixta
Pequeñas cometas · Técnica mixta
Pequeñas cometas · Técnica mixta
Pequeñas cometas · Técnica mixta
En Seda, Fabio Crisanti vuelve a explorar la dialéctica entre arte contemporáneo y tradición, entre origen y originalidad. Pinturas, croquis, cuadernos personales, pequeñas herramientas y cometas conviven como documentos de un proceso.
El artista abre y expone sus procedimientos, técnicas y materiales, trabajando con lavados acrílicos sobre papeles industriales muy finos llamados "papeles de cometa".
Una paleta de colores metálicos e "indefinidos" evoca los tonos dados por las sales de plata en los procesos de revelado fotográfico: una referencia no casual a la memoria y a la fijación de imágenes que construyen tradición.
Las texturas de piedras y cortezas, con sus grietas, fisuras y huellas, invitan a sentir la dimensión más íntimamente sensorial de los procesos de memoria incorporados en la materia orgánica.
Exposición Seda 2021 — Galería 33
Fabio Crisanti reescribe la ruta de la seda en una trayectoria inusitada que se remonta a tiempos ancestrales. La serie presenta capas de significado y sedimentos que remiten al origen de la vida, a las entrañas de la tierra.
La obra, marcada por la organicidad, despierta los sentidos y desafía la percepción. Algunos detalles están sembrados a lo largo del camino, sutilezas reservadas al observador más curioso, como los pequeños sellos en la esquina de los lienzos, forma con la que firma el pintor. El aspecto intimista trae consigo una complicidad entre el objeto y la mirada, en un viaje cautivador guiado por el artista patagónico a lo largo de la serie.
En un abordaje atípico del material, la seda es tratada casi en su estado original de capullo. La paleta de tonos predominantemente terrosos —ocre, arena, terracota y carbón— se acentúa con suaves brillos que relucen según los diferentes ángulos de incidencia de la luz. A veces, la escena es invadida por tonos de azul claro que evocan el cielo y el agua.
La seda como tejido aparece en pliegues, recortes y arrugas que recuerdan la erosión del suelo y el paso del tiempo. También como materia textil, cintas, retazos y filamentos desbordan los márgenes como tentáculos que exploran el vacío, en busca de lo desconocido más allá de sí mismos.
La colección presenta patrones extraídos del mundo natural: fósiles, escamas, cortezas, ramas y otros elementos que aportan textura y profundidad a los lienzos, así como referencias rupestres que evocan las pinturas de las cavernas, registros de antiguas eras tribales que remiten a memorias atávicas y dan vida a la composición.
La serie exhibe una miríada de elementos dibujados por luces y sombras, que asumen contornos, rasgos y siluetas, insinuando géneros y formas diversas que emergen de imágenes fluidas y abstractas. El simbolismo arquetípico presente confiere intensidad y expresión a la obra.
En una alusión a la cruz, el madero de Cristo, centenares de fragmentos convergen en una encrucijada. Las imágenes del acervo a veces asumen más de un significado: en este caso, la espada; en otro lienzo, el cáliz y el vientre.
En otra incursión creativa en la seda, el artista visita la escultura: sale del plano hacia el espacio y presenta un repertorio de gráciles cometas, artefactos del viento. Un probable retorno a sus raíces como fotógrafo, universo donde predominan la luz y la forma, pero donde el movimiento también forma parte de la mirada.
Adentrarse en el espacio propuesto por el artista en la inspirada serie Seda es un verdadero regalo para los ojos y los sentidos.
Luiza Bueno
Continuación de la serie Seda, con nuevas exploraciones, técnicas actualizadas y composiciones contemporáneas.
Todas las imágenes se presentan en alta resolución, permitiendo apreciar los detalles y texturas características de la técnica del artista.
Seda Bahia lleva la serie al contexto bahiano, en diálogo con el paisaje y la cultura local.
Todas las imágenes se presentan en alta resolución, permitiendo apreciar los detalles y texturas características de la técnica del artista.
La relación entre la pintura de Uzo Hiramatsu y la de Fabio Crisanti no se establece en el plano del estilo, sino en una experiencia compartida: Brasil como territorio de arraigo pictórico. En ambos casos, el desplazamiento geográfico no funciona como anécdota biográfica, sino como condición estructural de la obra.
En Hiramatsu, la pintura se construye a partir de un tiempo lento, acumulativo, donde la superficie deviene campo de sedimentación. Brasil no aparece como tema, sino como clima material y rítmico que permite que una sensibilidad contenida, de raíz japonesa, se despliegue sin volverse ilustrativa ni simbólica. La abstracción encuentra allí un espacio de respiración: una práctica silenciosa, insistente, sostenida en el hacer.
En la pintura de Crisanti, Brasil opera también como lugar donde la obra echa raíces, pero desde una tensión distinta. La materia no se pacifica del todo: persiste, resiste, se vuelve problemática. El proceso —el secado, la manipulación— no es un medio para alcanzar una imagen final, sino el núcleo mismo del sentido. La superficie no se abre como ventana, sino que se pliega sobre sí misma, generando una lógica de estratificación donde el tiempo queda atrapado en la piel de la obra.
Ambas prácticas comparten una abstracción no expresionista, alejada del gesto heroico, y una comprensión de la pintura como campo de operaciones temporales. Sin embargo, mientras en Hiramatsu el tiempo tiende al equilibrio y al silencio, en Crisanti se vuelve fricción, insistencia, resto.
Brasil aparece así no como identidad ni paisaje, sino como condición de posibilidad: un territorio donde la pintura puede dejar de representar para empezar, simplemente, a suceder.
Durante las persecuciones del Imperio romano, los cristianos utilizaban el pez como un signo discreto para reconocerse entre sí. Según una tradición muy difundida, una persona dibujaba un arco en la arena y, si la otra completaba la figura hasta formar un pez, ambas sabían que eran cristianas. Aunque este relato es difícil de verificar históricamente, está bien documentado que el símbolo del pez fue utilizado por las primeras comunidades cristianas.
UNA INTRODUCCIÓN
ARQUETIPO: el juego del tren nace de un par arquetípico fundamental: urdimbre y trama, dos elementos complementarios que juntos producen sentido.
Se trata de un arquetipo muy antiguo, heredado del tejido, que atravesó siglos y se instaló como metáfora en innumerables disciplinas.
EL ARQUETIPO EN SÍNTESIS
La urdimbre son los hilos verticales: tensos, fijos, estructurales. Representa lo estable: el marco, la ley, la forma que sostiene. En el juego del tren, la urdimbre toma cuerpo en el tablero de grilla hexagonal.
La trama son los hilos que se mueven y se entrelazan. Representa lo variable, el devenir, aquello que sucede a medida que el juego avanza. La trama se materializa en las piezas hexagonales que llevan tramos de vía.
El sentido surge exactamente en el cruce de ambos: sin urdimbre nada sostiene; sin trama no hay tejido. Al colocar las piezas sobre el tablero, el jugador va construyendo ese tejido: va, en definitiva, produciendo sentido.
El arquetipo urdimbre-trama no describe objetos ni estados fijos. Describe un modo de producción de sentido: aquel en que estructura y variación se entrelazan continuamente, y en el que siempre queda un resto, algo que no se cierra y obliga a crear.
Series de ensayos fotográficos que exploran lo cotidiano, los gestos y las texturas del mundo que nos rodea — registros íntimos en los que la cámara se convierte en un instrumento de meditación visual.
Dice Lucrecia Martel que cualquier teléfono móvil actual permite realizar registros audiovisuales de mayor calidad que las cámaras de cine más sofisticadas de mediados del siglo pasado. Y aclara: excepto las soviéticas. FC usa su teléfono como cámara y laboratorio fotográfico portátiles para ofrecernos esta serie de naturalezas intervenidas por medio de la pantalla táctil, retomando algunas de las técnicas clásicas de la plástica. Trazos de carbón o lápiz, collages y virados cromáticos digitales operan de forma más o menos evidente en esta serie de fotografías tomadas con su teléfono.
Una emulsión cosmética funciona como soporte material para la exploración de nociones tales como latencia, velo e impresión. En efecto, el campo semántico parece provenir de la fotografía. Posiblemente no sea casual: esta disciplina porta, aparentemente como resto, los vestigios del primer hecho que la concretiza, una huella de luz sobre una superficie sensible, sobre una piel. Existe también algo del orden de lo premanifiesto, de lo no nato. Una interfaz como función de una latencia. Una membrana.
La escritura china no nace simplemente de «dibujar cosas», sino de convertir relaciones visuales en unidades de significado. Entre la formación de los ideogramas chinos y la representación de animales o de configuraciones naturales hay una cuestión histórica y semiótica muy interesante.
La escritura china nace de convertir relaciones visuales en unidades de significado.
En las inscripciones sobre huesos oraculares, muchos caracteres no eran dibujos realistas de animales, sino formas que conservaban algunos rasgos reconocibles del objeto y que, sintetizadas, expresaban momentos de extraordinaria articulación semántica.
Este acervo, compuesto por aproximadamente doce cuadernos de bocetos, registra la faceta más íntima de la relación de FC con Brasil como territorio de arraigo pictórico.
Podemos apreciar en ellos algunos hallazgos que luego darían origen a series completamente consumadas y ya expuestas.
Al mismo tiempo, contienen un amplísimo cuerpo de notas, ejercicios y estudios para el desarrollo de nuevos ensayos.
En todo caso, son diarios visuales y obras en sí mismas, que permiten acceder a la dimensión más personal del universo profesional del artista.
El arte de fabricar barriletes se sitúa, en el universo de las artes plásticas, en un registro intermedio entre la escultura y la pintura, transitando entre ambas o integrándolas.
El diseño de un barrilete está condicionado por un elemento de la naturaleza de comportamiento singular, con el que debe establecer relaciones funcionales: el viento. Esta particularidad, como veremos más adelante, aproxima el oficio a otra disciplina aparentemente ajena a él.
Un barrilete necesita moverse en una realidad que escapa a las leyes propias de la abstracción plástica, lo que representa un desafío y una riqueza específicos.
Podemos considerar los barriletes seres o criaturas dotados de personalidad. De hecho, la fabricación de barriletes y la industria de la moda comparten algunos desafíos. Presencia, expresividad, personalidad, funcionalidad y las tensiones recíprocas entre estos elementos son nociones que aproximan ambas disciplinas.
Series fotográficas autorales — de la luz líquida al exilio, de lo cotidiano a lo extraordinario. Imágenes que revelan la mirada singular del artista sobre el mundo.
Lo del título no tiene que ver con que el fotógrafo realice un enfoque acusador —policíaco, en el peor de los términos— hacia la realidad. Tampoco con que escudriñe los recovecos oscuros del orden social. El término «delatora» alude mejor a una revelación o develamiento de la realidad.
La mirada en estas fotos se apasiona por captar —y capturar— los signos más pequeños, las zonas ínfimas de la realidad. Delata así lo obvio, los lugares trillados del vivir cotidiano, que son rescatados, vislumbrados desde su otro lado. Sacados de la sintaxis prosaica, estos «morfemas» señalan ahora su propia especificidad.
Las luces traseras de un ómnibus, cajones de plástico apilados, urinarios de un baño público —la referencia a Duchamp es ineludible—, el manubrio de una bicicleta contra un muro, pasos en la arena, una niña en el muelle contra un atardecer: el repertorio es simple, casi ascético, podría pensarse.
El tamaño de las fotos, los colores intensos —muy brillantes— y los planos detalle delatan la contundencia de sus objetos, una soledad en la referencia que los rescata de lo cotidiano. El fotógrafo sabe resolver sus imágenes mostrándonos el lado más inusual, más lírico y sorprendente de los objetos y seres elegidos. Devela así lo cotidiano sin romper con su cuota más intensa de cotidianidad.
Sebastián Rivero
En la década de 1990, FC explora la dimensión pictórica de la fotografía. Aborda esta experiencia desde lo formal, especialmente enfocado en las posibilidades gestuales de los químicos de revelado y fijado de las sales de plata, tratados con las herramientas clásicas de la plástica.
«Las sales de plata tratadas químicamente ofrecen una paleta de colores interesantísima y original, casi completamente desaturada, que emerge de la emulsión fotográfica con un brillo mate que pareciera brotar de un fuego líquido».
Al mismo tiempo, FC consigue escindir la emulsión fotográfica sensible a la luz de sus soportes «naturales» o convencionales —el papel y la película— para aplicarla en nuevos volúmenes y superficies. Luz Líquida opera un clivaje en la técnica fisicoquímica de la fotografía para después expandir su horizonte material.
Creaciones donde arte y moda se encuentran — piezas únicas que traducen el lenguaje plástico del artista en formas vestibles y objetos de deseo.
El arte de fabricar barriletes es una disciplina que, en el universo de las artes plásticas, se sitúa en un registro intermedio entre la escultura y la pintura, ya sea fluctuando entre ambas o integrándolas.
Además, el diseño de los barriletes está condicionado por un elemento de la naturaleza de características particulares con el que deben establecer relaciones de funcionamiento: el viento.
Un barrilete debe moverse en una realidad que escapa a las leyes propias de la abstracción plástica. Esto representa un desafío y una riqueza que le son propios. Podemos considerarlos seres o criaturas dotados de carácter.
Podríamos trazar una analogía entre los desafíos propios de la industria de la moda y los del arte de construir cometas. Porte, expresividad, carácter y sus tensiones recíprocas son nociones que vinculan estas disciplinas.
El taller se propone explorar este universo.
La propuesta es trabajar con materiales tomados del diseño de moda, telas y materiales de la pintura, para replicar texturas o tramas de la industria textil.
La intención es indagar ese cosmos a través de los elementos propios de las artes plásticas, en sintonía con los elementos del diseño de moda.
Sistemas visuales, puzles y juegos conceptuales. Los laberintos de nombrar y numerar.
En Cadáver Exquisito, FC recrea la técnica de los surrealistas franceses de la década de 1920. Esta corriente, nacida después de la Gran Guerra europea, explora las ideas de creación colectiva y las asociaciones profundas del inconsciente, que comenzaban a generar gran interés a través de la obra de Sigmund Freud.
Esta pequeña serie fue originalmente producto de un ejercicio recreativo en la intimidad del artista con amigos. Luego, FC toma esos bocetos de pequeño formato, los lleva a una escala mayor y los interviene con una paleta de colores planos y texturas digitales. El resultado son estos cuatro «retratos» de anatomía imposible que revelan tensiones arquetípicas profundas del imaginario humano.
días, danza de viento.
días entre paréntesis,
Días con frases suspendidas.
días (números, días) que vienen
sobre los pasos de una sombra.
vista como hormigas desde el punto de vista
Entró en la hormona cósmica de sus pupilas.
días en la ventana de una reja.
días velados entre espigas.
velados o cortados, o penetra como pliegues de un manto.
aparecen, dicen y se van.
o quedan ahí...
días en una ventana roja, todo rojo,
números o días que se numeran y sobreviven
matriz.
días y flores.
días que huyen de los rayos
de una calle.
días que viajan desde el centro que todo ve, que todo genera.
Días que se pierden como si fueran largos.
otra vez materia esparcida.
millas de orillas, millas de días de ríos, de lunas.
medio número... se hundió de una rama.
días de tatuajes, días de odio.
Días asquerosos, diría mi madre.
Días que miran umbral de sangre.
días y meses, riquísimas floras.
Calas, Domingos marcados.
días como hojas de invierno
jugando rayuela
días apiñados en un contrato de nuestras necesidades.
Solicite un número de antena.
entre reflejos de cosas que se multiplican.
sobre la suela.
en las curvas de una guitarra sin daño.
de las cabezas de un coleccionista de sombreros.
entre las piedras de una salsa,
desde la arena sabía.
Los días en el puro incluyen un baño.
pulpería.
encadenados, encantados...
días cansados...
días mesa, silla, mesa, habitación
divididos
Río de la Plata de estos días. besos.
que disfrute del paseo de este día.
el ayuno de causas y efectos
de los días sagrados
que te tocan en la cama.
J.L.P.C.
La fuerza se expande,
la dureza se opone,
la tolerancia se resquebraja,
la flexibilidad se afirma.
J.L.P.C.
Las verdulerías de la ciudad de Buenos Aires son gestionadas, abastecidas y atendidas por miembros de las colectividades peruana y boliviana residentes en Argentina. Organizaciones sociales de la ciudad solicitan a FC la idea y la propuesta estética y conceptual de un proyecto editorial de perfil popular en torno a la temática de los alimentos.
FC propone una revista quincenal para ser distribuida en las verdulerías de la ciudad. El proyecto se plantea como un espacio de reflexión sobre el tema alimentario en sus dimensiones sociales, geopolíticas y de salud personal; y, al mismo tiempo, como un producto de utilidad para los comerciantes, los trabajadores de oficios del barrio y los integrantes de una familia.
Con esta intención, articula una editorial política, recetas de cocina, adhesivos recortables para especias, dibujos de artistas reconocidos para que los niños coloreen, un espacio para que los verduleros publiquen sus ofertas semanales, un espacio publicitario para trabajadores de oficios del barrio y artículos sobre el tema alimentario en todas sus dimensiones.
Universos imaginarios creados para y con niños — animales fantásticos, narrativas visuales y objetos que celebran la infancia como territorio de invención.
En la serie Der Elefant, el artista explora la relación entre memoria y figuración, trabajando con técnicas mixtas sobre papel de seda y superficies industriales.
Todas las imágenes se presentan en alta resolución, permitiendo apreciar los detalles y texturas características de la técnica del artista.
A fines de la década de 1990, FC concibe a Cósimo, un zapatero inspirado libremente en el personaje de la novela de Ítalo Calvino El barón rampante. Esta marioneta para televisión fue elaborada con resina epoxi, piel, cuero y telas; su mobiliario y la ambientación fueron realizados en madera, hierro y aerógrafo.
En torno al eje de una sentencia bíblica aparentemente paradójica —«la fuerza está en la calma»—, FC aborda la ilustración de este cuento infantil de la editorial alemana Dilling Layout Printmedien, con textos de Jussara Helena Bosa. Presentamos aquí algunos de los bocetos iniciales y gran parte de las obras que finalmente formaron parte del libro.
Manos del Uruguay es una emblemática organización uruguaya fundada en 1968, nacida con un objetivo social muy concreto: generar trabajo digno para mujeres artesanas del interior rural del país. Funciona como una organización sin fines de lucro y está integrada por unas doce cooperativas distribuidas en distintos pueblos de Uruguay, donde las propias artesanas son también propietarias de la organización.
Su especialidad es la producción artesanal de hilados, tejidos, prendas y accesorios elaborados principalmente con lana uruguaya. Una de sus marcas distintivas es el trabajo manual en pequeña escala —hilado, teñido y tejido artesanal—, que convierte cada pieza en algo prácticamente único. Además, cada producto suele incluir la firma de la artesana que lo realizó, reforzando la idea de trazabilidad y vínculo humano detrás de cada objeto.
Más allá de lo textil, Manos del Uruguay se convirtió en un referente internacional de comercio justo y diseño sustentable. Desde 2009 integra la World Fair Trade Organization y ha trabajado con marcas de moda de alcance global como Polo Ralph Lauren, Marc Jacobs y Stella McCartney.
En 2013, Manos del Uruguay convoca a FC a participar en lo que luego sería uno de los eventos culturales anuales más interesantes de la empresa: Viva la lana. Lanzado en 2012, el evento nació como una celebración de la lana entendida no solo como materia prima textil, sino como un elemento ligado a la identidad, la sustentabilidad y la tradición productiva de Uruguay. Su objetivo era acercar al público, especialmente a niños y familias, al universo lanero a través de instalaciones artísticas, diseño y experiencias interactivas.
La serie de fotografías que presentamos aquí registra la secuencia de realización de la pieza emblemática de la muestra El bosque de lana, de 2013. FC utilizó acero, soldadura, bambú, gasa, cartapesta, lana top y pinturas acrílicas para realizar la pieza.
En la década de 1990, FC recibe el encargo de realizar seis marionetas de formato medio para la obra de teatro de contenido ambientalista Animales. Las piezas combinan técnicas y materiales de diferentes disciplinas: poliuretano, acero, madera, aerógrafo, costura y tejidos naturales y sintéticos.
Proyectos conceptuales de gran envergadura — instalaciones, intervenciones y obras-sistema que expanden los límites entre arte, espacio y participación.
Seis participantes en un estudio de televisión resuelven rutas de viajes en taxi. El competidor que encuentre las rutas más eficaces en términos de tiempo y distancia suma puntos para ganar el juego.
Una Locutora en estudios conectada a una central telefónica de taxis deriva solicitudes de viajes reales para ser resueltos virtualmente por los competidores en estudios.
Las rutas se resuelven elaborando la lista de calles que conforman el itinerario que une origen y destino de los viajes.
Las tecnologías de localización satelital y lectura de condiciones de tránsito son el soporte con el que se registran, evalúan y ponen en escena las propuestas de rutas de los competidores.
El área geográfica en la que se desarrolla el juego está limitada a la Capital Federal.
Un conductor típicamente porteño conecta al público con el clima propio del universo en el que la competencia se desarrolla: la Ciudad de Buenos Aires.
Un Panel de Taxistas Notables complementa o refuta los resultados del juego obtenidos desde las tecnologías GPS y, como testigos de las historias de sus habitantes, conectan al público con el imaginario popular propio del escenario donde el juego se desarrolla, la gran ciudad: el lugar donde existen todas las oportunidades, donde se cruzan todos los caminos, y donde todos los rumbos y los deseos pueden hacerse reales.
Una Celebridad en estudios relata una anécdota significativa de su vida que haya sucedido sobre un taxi en las calles de Buenos Aires. Funciona, en términos de identificación con el público, como evidencia viva de que aquel imaginario popular acerca de la gran ciudad puede realizarse, es posible.
Un Pasajero Real en un Taxi Real deberá resolver durante el transcurso del show las alternativas y dificultades del itinerario descripto en el relato de la celebridad. Participa por premios extras a la competencia en estudios; funciona como una segunda forma de participación del público dentro del show; hace de la ciudad una extensión del set de grabación e “ilustra” el desarrollo del juego propiamente dicho.
El Show identifica al televidente con ese lugar del corazón de las personas en el que se expresa el amor entrañable por la ciudad que habitan. Apela al orgullo que se expresa en el conocimiento de las calles en las que se tejen como identidad las tramas de sus historias personales y sociales.
Fabio Crisanti toma la antología Proverbios budistas japoneses, de Lafcadio Hearn —editada por Interzona en 2013, con traducción de José Manuel Recillas—, para presentarnos La Fuente y los Simios, un ensayo fotográfico que reúne una serie de obras producidas en la ciudad de Buenos Aires durante la década de 1990, hace más de veinte años.
Mi abuelo materno me enseñó a jugar al ajedrez. Como buen eslavo, tenía un bellísimo juego de madera guardado en el pequeño mueble detrás de la cabecera de la mesa de todos los días, donde parecía no dejar nunca de estar. A su izquierda quedaba la cocina de Otilia, adornada con algunas reproducciones geniales de Giuseppe Arcimboldo. A su derecha estaba el televisor en blanco y negro y también, en mis primeros recuerdos, la figura de mi bisabuela materna: una anciana muy delgada, completamente ciega, que balbuceaba cosas que solo su hija entendía.
Pero allí también habita un recuerdo fascinante: Otilia y yo, solos, viendo en vivo una pelea por el título mundial de Carlos Monzón. Mi abuela era la criatura más amorosa y delicada del mundo, y le gustaba el boxeo —o los hombres—. Un día me contó cómo conoció a Luis, mi abuelo. Pero esa es otra historia.
Creo que él y yo éramos de la misma especie. Todavía no sé cuál, ni cuál podría explicarnos. El hecho es que pasábamos horas jugando en silencio en la cocina-comedor, horas. Yo era un niño de ocho, nueve o quizás siete años. Y, claro, él siempre ganaba. Siempre. Pero un día, tal vez porque yo crecía y él envejecía, sucedió lo impensable. Mi emoción fue tan grande que, en un impulso, cometí la estupidez de darle una ligera palmada en la cabeza, despeinando aquellos mechones de cabello grueso y abundante, más propios de un muchacho de veinte años que de un hombre de setenta. Él pasó tres días sin dirigirme la palabra ni la mirada. Tres días, tres siglos.
Hace algunos meses, mi hija mayor me llamó para proponerme que retomara la idea de aquel juego que surgió poco después de que nos mudáramos a Uruguay. «Hacé una versión en madera y la vendemos acá en Buenos Aires. Podemos probar con los padres o en la escuela de Jana, mi nieta».
Mi abuelo fue ferroviario en Argentina. Trabajó en el Ferrocarril General Roca, en el sur. Años más tarde, un amigo patagónico me habló de la «línea sur» de ese ferrocarril. En sus palabras: «esa costura que atravesaba de este a oeste la meseta patagónica, uniendo pequeños pueblos olvidados en el frío y el viento». En esa línea trabajaba Luis.
Este es Vlak, el juego del tren. Vlak significa tren en croata, la nacionalidad de mi abuelo, aunque llegó a Argentina con pasaporte italiano, por esas cosas de los caminos y las fronteras. Vlak, un juego de tramas y urdimbres. Y de costuras.
Décadas de creación a través de territorios, lenguajes y materias.
Nace en la Patagonia Argentina, región que marcará profundamente su poética visual — los paisajes áridos, el viento, la inmensidad.
Comienza su producción artística, transitando desde temprano entre lenguajes — de la fotografía a la escultura, de las cometas a las instalaciones de gran formato.
Inaugura la Photogalerie en Colonia del Sacramento, Uruguay — espacio de fotografía autoral y experimentación que marca su presencia en el circuito rioplatense.
Tránsito entre Francia, Santa Catarina y nuevos territorios. La experiencia de exilio y tránsito se traduce en superficie, textura y color — territorios que se acumulan en la obra como capas de memoria.
Exposición individual que consolida la serie Seda: papeles de barrilete, lavados acrílicos y memoria material. La dialéctica entre arte contemporáneo y tradición se revela en los procesos de creación.
Radicado en Bahia, el artista desarrolla nuevos desdoblamientos de la serie Seda con influencias bahianas, bambú y materiales locales — además de explorar nuevos territorios en escultura, fotografía y proyectos especiales.
Textos críticos y ficcionales relacionados a la obra, al recorrido y a las imágenes de Fabio Crisanti.
JLB siempre se reconoció como mejor lector que escritor. Com el paso de los años la reflexión crítica y las conceptualizaciones de los procesos creativos han ganado importancia y significación en mi obra.
Una Mirada Más Allá del Paisaje
Una Mirada Más Allá del Paisaje
Maravillosa exposición de Celso Ricardo en la Casa de Cultura de Garopaba.
La resolución composicional de las obras es excelente y extraña; pero sólida en términos plásticos. Pareciera como si la composición de sus cuadros fuese el producto de un olvido muy antiguo. El olvido de un tonto llamado a la falsificación que centelleaba desde el futuro.
Em uma obra, podemos vislumbrar ressonâncias do artista surrealista Giorgio de Chirico. Na cena, uma cena costeira vista de uma janela, as diagonais conduzem o centro de interesse para o nada. E ao mesmo tempo, um dos traços horizontais da moldura da janela "esmaga" uma fileira de ranchos à beira-mar. A cena é inquietante, mas completamente natural e talvez "provocativa".
La presencia de algo misterioso ligado al neoexpresionismo americano parece filtrarse en la desenvoltura y al mismo tiempo en el rigor con que el artista ensambla la materia y los elementos pictóricos de esta serie.
Las obras son collages producidos con materiales domésticos descartados, fibras naturales, fragmentos de la naturaleza y elementos tradicionales de la plástica. Podemos sentir la intención absolutamente personal con que estos hechos artísticos sucedieron dentro del cuadro.
Siempre existe la tentación infantil de encontrar valor artístico y moral en la elección de materiales descartados y también en producciones que tienen profundas raíces en las tradiciones locales. Luego, estos juicios parecen inevitablemente derivar hacia otros juicios aún más superficiales en torno a cualidades románticas personales del autor, etc., etc.
En realidad, podríamos decir que la basura es esa y no los elementos descartados utilizados en las obras. De hecho, este vicio fuertemente arraigado tiene la maldita eficacia de hacer que la atención que
debería estar absorbida por ese maravilloso juego que es sentir y descubrir la naturaleza del gesto artístico que hizo posibles los trabajos, quede flotando en un charco tibio de agua más o menos turbia que celebra el origen del artista, su humildad, etc., etc., etc. Esta basura parece tener la sórdida intención de que todo el virtuosismo del autor y la percepción de todas las emisiones invisibles que generaron sus obras queden semisumergidos en una palabrería blanda y condescendiente.
En otra de las obras, la resolución de los bancos de la Plaza 21 de Abril es impecable, finísima y al mismo tiempo respetuosa de aquella gestualidad personal inmediata de su trabajo. Una gestualidad que no es ni rápida ni lenta, sino abstraída del tiempo. ¡Como si el trabajo intelectual que las hizo posibles hubiese tenido la virtud, y la gran cortesía, de no haber dejado huellas de sí mismo! Ni huellas, ni la idea de que algo de esa naturaleza (trabajo intelectual) hubiese podido ocurrir allí. Una fineza en el sentido profundo de la palabra.
A irritação e consistência de uma série de três peixes brilhantes feitos com latas de refrigerantes ou cervejas sobre um pedaço de plástico semitransparente montado tudo sobre uma rede de arame tecido dão conta de uma sensibilidade que também parece prescindir da ordem temporal para explicar uma ontologia profunda do modo de produção industrial da ordem burguesa. São peixes brilhantes, íntegros, frágeis e impossíveis de "ordenar".
A maneira como ele coloca a pasta de pigmentos em um trabalho de prolongamento vertical com um céu como de gesso sobre o recorte de um segmento de uma fileira "infinita" de outros ranchos inúmeros alinhados na praia, observados por um pescador em seu barco flutuando no mar, transmitem o vértigo da saída para a pesca desde a escolha desse "angustiante" formato do quadro.
O notável é que os jeitos de resolução de animais, textura, construções de Celso não se repetem, são recriados, escapam de alguma fórmula conservando toda a frescura de um método sem pretensões vãs de originalidade nem virtuosismo técnico. Existe um virtuosismo plástico que é muito mais evidente e interessante em sua técnica. Os elementos se repetem, porque a vida se repete, mas não parecem fazê-lo nas obras de Celso, parecem recriar-se a cada vez, ou refletir-se. Sim, resolve umas gaivotas com os mesmos elementos, mas parece recriar os elementos escolhidos (tecidos e outras texturas), não as gaivotas. Isso é dar conta da disciplina! Esse é "UM OLHAR ALÉM DA PAISAGEM"! Esse é o lúcido e pertinente título com que Celso nos convida à sua mostra!
De outra perspectiva conceitual, podemos observar o "momento" gestual de sua técnica pictórica na aplicação da pasta dos pigmentos. Seu gesto conserva umas ressonâncias impressionistas e depois um já mais evidente "expressionismo naïf" (poderíamos batizá-lo!). Sim, uma potência expressiva de um volume igual à de qualquer outra tradição expressionista, mas recolhida, contemplativa; pesada e audaz mas amável.
Celso parece tener un conocimiento intuitivo de la anatomía humana en el orden de lo que en la moda se llama porte. La manera en que resuelve las ropas de sus pequeños pescadores, la actitud en cómo reflejan certeramente la calidad de la acción que están realizando. Todo eso resuelto con una síntesis asombrosa de elementos, de líneas.
Prescinde de esa vulgar expresividad explicativa en que a veces podemos sentir el desasosiego de esos pintores que no saben hacia dónde quieren ir, o qué tienen para decir o no decir, o a qué narrativa responden sus personajes.
La obra de Celso es profunda, emotiva, pero sobria, cálida, pero agresiva. Dos obras que retratan la iglesia de Garopaba muestran cómo Celso construye sus collages. Dan la impresión de que los elementos están cosidos por detrás, de manera invisible, de forma natural y con una gran potencia narrativa, como si fuesen la costura de un maravilloso mito en las manos de seres que aún no han nacido.
Esta pieza es un homenaje, pero es también el deseo de prolongar la existencia de un hombre, y más: de una estirpe extinguida.
Esta pieza es un homenaje, pero es también el deseo de prolongar la existencia de un hombre, y más: de una estirpe extinguida.
La de aquellos varones prevenidos de esa necesidad urgente de explicarse, de explicar sus actos y su vida.
De justificarlos ante una moral, cualquiera.
Es, en el mismo sentido, una impertinencia, un atrevimiento. Y una felicidad, si eso existe.
Fabio Crisanti no es escritor, es artista plástico, pero esta obra no es su primera exploración en el taller de las letras.
Fabio Crisanti no es escritor, es artista plástico, pero esta obra no es su primera exploración en el taller de las letras.
Si un movimientoinicial es una inauguración, al mismo tiempo no excluye o suprime, sino que anunciala fatalidad de una duplicación. En efecto, un segundo mojón,de la misma naturaleza, consiente a otra. Acaso más significativa, puesto que funda una trayectoria.
Fabio Crisanti registra estas aguafuertes y así es también posible deducir una nueva y antigua órbita. No una mínima, en tanto achacable a una alma, sino lade un género. Las Aguafuertes Porteñas que en la primera mitad del siglo XX firmara Roberto Arlt resuenan como el disparo de una munición que ahora revienta atomizada en “Flores”.
Las prologa una sentencia, desmesurada, y las confina una cita: el diálogo, acaso mítico, entre un emperador oriental y su chamán y médico personal. No es casual la tenue vinculación formal entre “finales”, todo estreno es quizá el rudimento de una extinción, o su interioridad.
Estas “Flores” de pulso y datación disímiles a veces rugen y otras oyen. Todas emanan de una misma mirada, pero simulan olvido. Y memoria.
Fotografía y Escultura
Fotografía y Escultura
Cuándo, o en qué momento, o en qué condiciones sucede la expresividad máxima, o la expresividad verdadera de una producción con intenciones artísticas?
Un misterio que en el escenario de una exposición colectiva encuentra tal vez las condiciones mas propicias en las que desplegar su ambiguedad.
En esta exposición unas y otras obras se miran buscando la resolución de ese “punctum”, en las palabras de Roland Barthes.
Parece más evidente esa necesidad, esa busqueda, en la obra de Fabio.
El potencial performático de su obra, que se expresa como una latencia al observarla en un interior, nos muestra sus máximas posibilidades expresivas gracias a las fotos de Kati.
Pero entonces, qué encuentran las fotos de ella en la obra y el autor retratados?
Siempre he visto a la cámara fotográfica como un templo, como el templo moderno por excelencia. Y al proceso fotográfico como una liturgia, o como un rito.
Todo el mundo de los objetos es y sigue siendo representación, y justamente por eso está condicionado por el sujeto de forma absoluta y eterna: es decir, posee idealidad trascendental.
Todo el mundo de los objetos es y sigue siendo representación, y justamente por eso está condicionado por el sujeto de forma absoluta y eterna: es decir, posee idealidad trascendental.
Hoy conocí el taller de Hugo França. Me dijo que me fuera adelantando mientras organizaba algunas cosas y abría la galería. Bajé por una calle interna de tierra flanqueada por inmensas piezas de madera bruta que un día fueron árboles. La mayoría de ellas eran secciones gigantescas de lo que un día habían sido árboles. La elección del plano de corte me pareció singular.
De hecho, el tramo elegido de aquellos antiguos gigantes se extendía desde la base del tronco, muy cercana a la imaginaria línea del suelo, hasta la punta de los brazos más gruesos de sus raíces, que se abrían retorcidas en una inquietante configuración rizomática.
Para bien o para mal, contamos, a estas alturas de nuestra trayectoria como humanos, con innumerables referencias visuales, plásticas y estéticas cristalizadas o sedimentadas a lo largo de la extensísima historia del arte. A medida que me aproximaba al taller, pude comenzar a ver aquellas piezas monumentales ya erguidas y relativamente avanzadas en su proceso de realización.
Creí identificar un vínculo entre las líneas más determinantes de aquellas obras impresionantes —con sus raíces retorcidas ahora vueltas hacia arriba— y los trazos más característicos de algunas obras de la fase surrealista de Salvador Dalí.
Procuro siempre evitar que mi percepción sea contaminada por esa
pulsão inata do espírito humano que o arrasta ou exige familiaridade. De qualquer forma, algo da ordem do irreal continuava ressoando em mim por meio daquelas peças, e isso me perturbava.
Me propuse entonces pensar el elemento tierra como un fluido en el cual las raíces vegetales encuentran su configuración sin las tensiones estructurales que las fuerzas de la gravedad generan.
En ese momento, vi a Hugo aproximándose, viniendo a mi encuentro. Me habló sobre algunas características de aquellas piezas: la edad del árbol de donde venían, las características de las diferentes maderas. Tuve la oportunidad de apreciar por primera vez la madera del Palo Brasil —su rojo incandescente, pero algo sombrío, como una brasa.
La exposición muy interesante de França
sobre la materialidad de sus obras hizo que, ciertamente, mis propias reflexiones se desplazaran de la conciencia hacia estratos más oscuros de mi sensibilidad, pues algunos minutos después, en el instante de un relámpago, creí comprender la naturaleza profunda de la obra de França.
Las obras se revelaban ahora como la escenificación del orden más brutalmente inconsciente de la psique humana. De hecho, las raíces, antes ocultas, de aquellos antiguos árboles, ahora traídas a la luz, expresaban con toda su furia la dimensión más perturbadoramente onírica de la condición humana.
La Sombra (en los términos de C.G. Jung) es vuelta del revés en el proyecto plástico de França, que expone así todo el encantamiento onírico y la fuerza performática de un bailarín virtuoso,
ingrávido, pero densísimo, que habita nuestras aguas más profundas.
Mientras volvíamos por el mismo camino, me contó sobre la invitación en su casa para una moqueca casera con el amigo Florencio YIlana (quien en breve inaugurará su exposición en la galería de Hugo), ¡y que estaba deliciosa!
* Plato típico de la tradición culinaria bahiana.
Queremos creer que la percepción y la vivencia de la dimensión trascendental de la existencia es un patrimonio exclusivo de la especie humana.
Queremos creer que la percepción y la vivencia de la dimensión trascendental de la existencia es un patrimonio exclusivo de la especie humana.
Así pendulamos entre una afectación patética del espanto ante la degradación de la materia (y las elaboraciones simbólicas que intentamos registrar desde ellas) y la pretendida impostación de una unción épica con la divinidad.
En esta pendulación tensionan las percepciones diacrónicas y sincrónicas del devenir.
Cuando yo iba a la escuela todavía calcábamos los mapas para obtener diferentes versiones del mismo territorio registrado. Seguíamos el contorno de esas formas irregulares que se traslucían a traves del papel como quien sigue un intrincado camino de montaña o de la selva.
Ahora creo que ese método suponía una distorsión conceptual en relación a cómo la configuración de un territorio se da.
En efecto, esa laboriosa línea que nuestra mente tiende a entender como una secuencia de puntos (o de pasos) em realidad emergió sincronicamente por el establecimiento de un nivel determinado de los océanos. Así no solamente su constitución fue sincrónico sino que además el movimiento que la determina ocurre en el eje geométrico vertical: el ascenso o descenso de las aguas; y no en los ejes horizontales como lo hacemos al dibujar.
Los diseños que los cupines de Juliana hacen en las estratificaciones dadas por las hojas en los libros tienen una configuración análoga. Semejan a las marcas estratificadas que los diferentes niveles de agua van haciendo en los contornos de las orillas litorales
Juliana lee toda esta información y parte de algunas de estas marcas de cupines en hojas que contienen dibujos de mapas y procede a contornearlas sucesivamente expandiéndolas y evocando aquella acción del agua.
Es un goce artístico tener la oportunidad de observar el pensamiento plastico de Hoffmann registrado en estos trabajos.
Los "mapas" generados a través de los sucesivos anillos que contornean las caladuras de los cupines se superponen a los dibujos de los mapas en las hojas de papel donde acontecieron las intervenciones de los insectos y de Juliana.
Son como ondas anulares de agua superpuestas por la incitación de piedras de ordenes diferentes. Sin dudas todo en el nivel mas profundo de esta serie está vinculado conceptualmente por el elemento agua y sus simbolizaciones derivadas.
En la ideografia china el signo de eternidad se construye a partir del de agua. Son casi idénticos. Una observación despojada de patetismo nos permite entender la profundísima, discreta y silenciosa reflexión de Juliana sobre la noción de trascendencia.
En otra variante de esa reflexión de tono mas contemporáneo la artista desarma el lenguaje cinematográfico al desplegar encadenadamente las hojas de un libro en las que la acción de los cupines se adentraron en la estructura del libro.
Si lo rearmaramos podríamos revivir esa acción pasando las hoja como esos librillos que encontramos en las tiendas de los museos que se llaman "cine de dedo".
Brillante investigación de Hoffman.Sobria, secular. Intensamente conceptual pero inevitablemente sensitiva.
Em "Trama", Mauricio Capellari volta a explorar a tensão essencial que perpassa todas as disciplinas artísticas de ordem visual.
Em "Trama", Mauricio Capellari volta a explorar a tensão essencial que perpassa todas as disciplinas artísticas de ordem visual.
Ou seja, a dialética entre o que está subjacente e invisível em tudo o que percebemos e suas manifestações sensoriais.
Diante dessa tensão, poderíamos nos fazer a seguinte pergunta:
Como a sensibilidade de Capellari se desloca pela trama de sua narrativa artística?
Para responder a essa questão, surge a necessidade inevitável de introduzir o conceito de urdimbre.
De fato, Mauricio parte de uma subordinação inabalável às formas geométricas mais rígidas que estruturam tudo o que existe e desliza sua sensibilidade artística por meio de um tipo original de cinismo acolhedor que se resolve de forma lúcida em uma jornada por algumas das texturas mais típicas da identidade brasileira.
A abordagem da série que Capellari nos oferece é radicalmente formal; seu talento poético articula de maneira disciplinada e orgânica esse risco artístico.
"Trama" nos proporciona uma viagem intrincada e fascinante por alguns dos territórios mais eficazmente explorados pelo fotógrafo.
Ao nos aproximarmos desta mostra de Andréa, sentimos um desejo quase irresistível de habitar os espaços que contêm cada uma de suas peças de matriceria.
Ao nos aproximarmos desta mostra de Andréa, sentimos um desejo quase irresistível de habitar os espaços que contêm cada uma de suas peças de matriceria.
O coração, centro do ser na tradição cristã, articula afeto, vontade, consciência moral e intelecto.
Cada um desses anti-objetos nos remete a um templo ou, talvez melhor ainda, a um lugar sagrado dentro da constelação de intenções que determinam e dão sentido à práxis artística de Andréa.
É certo que o motivo das peças, essas pequenas igrejinhas de tradição jesuítica, cristaliza essa atmosfera. Mas também poderíamos pensar que as réplicas desses templos, que adivinhamos nas matrizes, evocam um santuário construído entre as mãos da artista.
Algumas das peças em exposição conservam ainda restos de argila aderidos às suas paredes. Surge então a dimensão material desses santuários, ou melhor, sua dimensão sensível: sua pele. São vestígios da pele de um animal que operou uma metamorfose, cuja respiração quase podemos perceber.
Em duas pequenas peças especialmente significativas encontramos as duas figuras geométricas arquetípicas por excelência: o círculo e o quadrado. A experiência contemplativa diante delas é tão intensa que, em um nível muito sutil, as peças fazem o espectador sentir uma latência, um pulso, uma contração rítmica.
Outra obra particularmente eloquente é a que contém o espaço de duas pequenas cruzes: cruzes mínimas, completamente aderidas à natureza de sua existência como marcos, balizas, sinais.
A montagem das peças nessas caixas de madeira e vidro revela outra faceta expressiva da série: as peças funcionam como relíquias, como material de obra da arquitetura de algum tipo de cosmogonia. Restos do processo de construção de um Olimpo, ou talvez de um Tarot.
Nesse sentido, o fato de esta exposição não apresentar “obra” nos termos clássicos da disciplina a inscreve na tradição da arte conceitual contemporânea.
No entanto, sua originalidade reside em fazê-lo ancorada em uma materialidade radicalmente concreta.
Entre os materiais de reconstituição, o gesso é aquele que oferece maior fidelidade de registro superficial; mas, ao mesmo tempo, sua luminosidade e a imaculação de sua opacidade revestem as peças de uma leveza litúrgica.
Outra noção que estrutura a mostra é a de reversibilidade. Andréa nos desconcerta ao operar sobre o espaço da galeria e nos situar em um lugar indeterminado. Constrói, com essas pequenas máquinas de tempo e repetição, um espaço puramente metafísico.
A mostra é uma delicadeza em todos os sentidos. O ar, vestígio da matéria que um dia atravessou esses moldes, projeta-se sobre os muros de sua própria interioridade e nos revela a dimensão mais profunda da noção de abrigo.
SOLVE ET COAGULA
En El Nombre, Fabio Crisanti explora la ficción como espacio de memoria, desdoblamiento e identidad.
En este texto de la contraportada de El Nombre, la primera obra de ficción publicada de forma independiente por FC, podemos observar algunos movimientos de desdoblamiento del artista. El primero es observable en su afición por la escritura. En efecto, FC salta a una disciplina que, aunque entrañable para él, no deja de ser ajena.
Luego, en un movimiento de desdoblamiento interior, escribe una reseña o presentación de su propia obra bajo el seudónimo de GC. Este ejercicio, en sus palabras, fue el que le proporcionó mayor asombro y placer. Un asombro, nos cuenta, generado por la tensión entre la levedad del distanciamiento para observarse —u observar su obra— y el rigor de juicio que esa misma distancia ofreció.
Posiblemente, en este acto aparentemente inocente, podamos descubrir un rasgo muy significativo de la naturaleza de su producción artística, atravesada por las pulsiones del encuentro y el extrañamiento. En efecto, resuena la máxima alquimista solve et coagula: disuelve y coagula. Disuelve, descompone y separa para luego reunir, recomponer y fijar.
Gabriel Curelovich, Buenos Aires, febrero de 2014
Fabio Crisanti ha sido doblemente arrogante. No es escritor, es artista plástico, y esa es una primera insolencia. La segunda, más grave quizá, pero a la vez más íntima y perdonable, es haber enredado al segundo prócer de la literatura argentina entre sábanas. El Nombre es la necesidad imperiosa de Fabio de restituir para sí la corona de una flor de pantano o de ciénaga. Una corona que tal vez sea ese instrumento de placer de cuyo propósito nunca hay duda, pero cuya asombrosa eficacia siempre, siempre se olvida: la ficción. (*) The Pillow Book.
Esta pieza es un homenaje, pero es también un deseo: el de prolongar la existencia de un hombre y, más aún, de una estirpe extinguida. La de aquellos varones prevenidos de esa necesidad urgente de explicarse, de explicar sus actos y su vida. De justificarlos ante una moral, cualquiera. Es, en el mismo sentido, una impertinencia, un atrevimiento. Y una felicidad, si eso existe.
Los hitos de una revelación son de ardua memoria, quizá porque fundan una deconstrucción o un desmontaje; el espíritu se empeña en recordar al acto cuando desecha o desvela, y a la materia cuando construye o acumula; o solo, y puramente, porque indican una renuncia. Habrá quienes juzguen, tal vez, los hechos que reseñaré como una sucesión de hönir literarios. Para ellos puede no ser desatinada una advertencia: las voluntades críticas o recelosas suelen ser las de mayor ingenuidad, acaso porque desconocen la existencia de un destino.
Fabio Crisanti ha sido doblemente arrogante. No es escritor, es artista plástico, y esa es una primera insolencia. La segunda, más grave quizá, pero a la vez más íntima y perdonable, es haber enredado al segundo prócer de la literatura argentina entre sábanas. El Nombre es la necesidad imperiosa de Fabio de restituir para sí la corona de una flor de pantano o de ciénaga. Una corona que tal vez sea ese instrumento de placer de cuyo propósito nunca hay duda, pero cuya asombrosa eficacia siempre, siempre se olvida: la ficción. (*) The Pillow Book.
Esta pieza es un homenaje, pero es también un deseo: el de prolongar la existencia de un hombre y, más aún, de una estirpe extinguida. La de aquellos varones prevenidos de esa necesidad urgente de explicarse, de explicar sus actos y su vida. De justificarlos ante una moral, cualquiera. Es, en el mismo sentido, una impertinencia, un atrevimiento. Y una felicidad, si eso existe.
Los hitos de una revelación son de ardua memoria, quizá porque fundan una deconstrucción o un desmontaje; el espíritu se empeña en recordar al acto cuando desecha o desvela, y a la materia cuando construye o acumula; o solo, y puramente, porque indican una renuncia. Habrá quienes juzguen, tal vez, los hechos que reseñaré como una sucesión de hönir literarios. Para ellos puede no ser desatinada una advertencia: las voluntades críticas o recelosas suelen ser las de mayor ingenuidad, acaso porque desconocen la existencia de un destino.
Fabio Crisanti no es escritor, es artista plástico, pero esta obra no es su primera exploración en el taller de las letras. Si un movimiento inicial es una inauguración, al mismo tiempo no excluye ni suprime, sino que anuncia la fatalidad de una duplicación. En efecto, un segundo mojón de la misma naturaleza consiente a otra, acaso más significativa, puesto que funda una trayectoria.
Fabio Crisanti registra estos aguafuertes y así también es posible deducir una nueva y antigua órbita. No una mínima, en tanto atribuible a un alma, sino la de un género. Las Aguafuertes porteñas que Roberto Arlt firmara en la primera mitad del siglo XX resuenan como el disparo de una munición que ahora estalla atomizada en Flores.
Las prologa una sentencia desmesurada y las confina una cita: el diálogo, acaso mítico, entre un emperador oriental y su chamán y médico personal. No es casual la tenue vinculación formal entre finales: todo estreno es quizá el rudimento de una extinción, o su interioridad. Estas Flores, de pulso y datación disímiles, a veces rugen y otras oyen. Todas emanan de una misma mirada, pero simulan olvido. Y memoria.
No es el deseo. Es el Misterio.
G.C., Buenos Aires, outubro de 2016
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